Las generaciones actuales y futuras se han visto despojadas de terceros espacios por un terreno capitalista implacable que exige no sólo nuestro tiempo sino también nuestra energía.
Si te encuentras en una cafetería común, una biblioteca, o en una iglesia, el refugio que ofrecen a estudiantes universitarios promedio es condicional. El entorno económico y político en el que hemos crecido es tumultuoso, cambia constantemente y empuja a la gente en muchas direcciones.
“En un [tercer espacio], este ambiente informal y social, nadie esta obligado a pertenecer allí y el costo no debería impedir que las personas asistan…Es un lugar de encuentro para construir relaciones con otros fuera del hogar o el trabajo,” Madeleine Roberts-Ganim escribe para El Universidad de Chicago.
Los terceros espacios facilitan la creatividad y la comunidad, sin ellos sufrimos. Vamos de la escuela al trabajo y a casa, mientras interactuamos con personas en línea o de manera rápida y poco auténtica. Luego, los estudiantes pasan la mayor parte del tiempo distrayéndose con los teléfonos.
Se siente como si nos estuviéramos conectando cuando trabajamos en grupos o cuando estamos caminando a clase con un nuevo amigo. Y sí podríamos serlo, hasta cierto punto, pero nunca en realidad salimos de ese contexto
Los estudiantes están constantemente presionados por el estrés de la escuela, y pagando para esa escuela, y el transporte a la escuela y el trabajo, y la obtención de calificaciones que hacen que valga la pena. Ya me entiendes.
No queda mucho tiempo para ir a tu librería favorita y relacionarse con su entorno.
Ya no hay tiempo para crear por pura pasión, ni para encuentros orgánicos, ni siquiera para sentarse en un parque y observar a la gente. Tenemos que planear tiempo para alimentar nuestra mente. Ya no es una parte natural de la vida.
Por el lado bueno, creo que hay un sutil resurgimiento de gente que crea terceros espacios lo mejor que puede. Por ejemplo, Stampede, en Temecula, tiene una noche para mayores de 18 años a la que muchos de mis amigos van todos los jueves.
Sin embargo, 15 dólares a la semana por la entrada más los gastos de transporte es demasiado para algunas personas, incluso para mí. Un verdadero escape para equilibrar la vida/trabajo no es un buen escape si pone más estrés en el esfuerzo.
Los precios promedio de renta son un 33,6% más altos que antes de la pandemia. Mientras que sólo ha habido un aumento aproximado del 25% en los salarios desde 2020, según el Joint Center for Housing Studies de la Universidad de Harvard y Business Insider.
Todo cuesta más, y no ganamos más. El “bajo coste” no es algo que existe en nuestra vida diaria, a menos que estés dispuesto a arriesgar cosas como tu salud.
Por ejemplo, Starbucks, ha tenido casi un 40% de aumento en los precios de su café desde 2014. Si no quieres café solo o tal vez no puedes tomar leche sola, vas a pagar 8 dólares por una sola bebida, según Finance Buzz.
Las leyes de zonificación excluyentes siguen empeorando el problema. Estas leyes prohíben los establecimientos comerciales en zonas residenciales, creando una demanda para que los estadounidenses utilicen sus coches para ir a casi cualquier sitio.
La característica definitoria de “bajo o sin costo” de un tercer espacio ya no es realista.
Nos reconforta ver comedias de situación con la mitad de las escenas ocurren en los terceros espacios de los personajes. Entonces apenas nos damos cuenta de que estamos viviendo a través de ellos, y la televisión, y nuestro teléfono, se han convertido en el único tercer espacio viable que nos queda.
Estamos atrapados. Y nos sentimos cómodos en ello. Hay demasiadas clases en la vida real que nos exigen tiempo, atención y trabajo, pero nuestra tecnología nos da tregua con unos pocos clics. Pero ese respiro no es tan pacífico, ¿verdad?